La consejera de Educación destaca el papel dinamizador de los cursos que “sobrepasan el mundo académico y se abren a la sociedad para transferir conocimiento a todos los cántabros”

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Si por algo se caracterizan los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC) es por ser "un foro abierto donde el contraste de opiniones permite avanzar en el camino del conocimiento". Así lo expresó ayer la consejera de Educación, Rosa Eva Díaz Tezanos, en la clausura de los XXIV Cursos de Verano de la UC en la Casa de Cultura ‘Doctor Velasco' de Laredo. Investigadores, docentes, estudiantes universitarios, profesionales de diversos ámbitos y ciudadanos en general, se impregnan año a año, durante los últimos 24, de los conocimientos técnicos que les permiten asentar, aclarar o simplemente ampliar su horizonte formativo. Pero, esta universidad, curso a curso, también "ha ido ampliando y consolidando espacios de convivencia, que exceden del mundo académico y se abren a la sociedad para transferir conocimiento y cultura a todos los cántabros", manifestó Díaz Tezanos.


Junto a la consejera de Educación formaron parte también de la mesa presidencial, el alcalde de Laredo, Santos Fernández Revolvo; los vicerrectores de Extensión Universitaria y Relaciones Internacionales de la UC, Eduardo Casas y José Manuel Revuelta, respectivamente; el director general de los Cursos de Verano de la UC, Luis Fernando Mantilla, y el director de los Cursos de Verano de Laredo, Sergio Sanfilippo.

Trece sedes en la región y también fuera de ella

Los Cursos de Verano de la UC cuentan en la actualidad con 13 sedes, 12 repartidas por toda la geografía cántabra, y una más en Aguilar de Campoo. "Algunas se han consolidado como marco de referencia de cursos de temática generalista", y otras "han proporcionado una oferta más específica y complementaria, dando forma a un importante foco de atracción cultural que interesa cada verano a un número importante de alumnos", destacó la consejera de Educación.

Balance de cifras

La XXIV edición de los Cursos de Verano deja un balance de cifras que se resumen en 107 cursos, 2.984 alumnos, 1.252 profesores y 157 directores de cursos y seminarios de ámbitos tan dispares como los económicos, académicos o sociales. Se añaden a estos, 10 conferencias y un concierto, así como innumerables ponencias, mesas redondas y otras actividades culturales. Además, la UC, tal y como explicó el director general de los Cursos de Verano, Luis Fernando Mantilla, ha concedido 1.047 becas de matrícula, tarifa reducida o alojamiento, o, lo que es lo mismo, "uno de cada tres alumnos de esta edición han sido becados".

Un nuevo modelo de cursos de verano


Por su parte, el vicerrector de Extensión Universitaria de la UC, Eduardo Casas, avanzó que, a la par que se desarrolla un nuevo Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) en la universidad convencional, para los próximos años se elaborará un nuevo modelo de cursos de verano. En concreto, se creará una Escuela de Salud y un programa especial para mayores, "para todos aquellos que, habiendo dejado atrás la vida laboral, posean inquietudes culturales y ganas de aprender e informarse".

‘Laicismo y estado' o ‘el estado laico'

El salón de actos de la Casa de Cultura ‘Doctor Velasco' de Laredo se quedó ayer pequeño para acoger a todas las personas que asistieron a la conferencia de clausura. El catedrático emérito de Sociología de la Universidad de Barcelona y presidente del Institut d'Estudis Catalans, Salvador Giner, despejó las dudas sobre el significado de la palabra ‘laico'. El laicismo no es, en ningún caso, dijo, anticlericalismo, ni mucho menos, una imposición de la indiferencia religiosa. El laicismo es, ante todo, una "actitud de los países civilizados occidentales que impulsa la libertad de creencias". Laicismo es igual a libertad y ser laico es tolerar aquello que es tolerable.

Giner disertó sobre las cuatro transiciones que se han producido en España: la política, la económica, la cultural y la religiosa, destacando sobremanera la última, "de la que no se habla mucho, pero que es importante por cuanto España ha pasado de ser un país intolerante, como consecuencia del Franquismo, a practicar un laicismo relativo que mantiene aún una deferencia hacia la Iglesia Católica. "Llegaríamos a un estado perfecto cuando la cultura política del país y la convivencia ciudadana sea laica, dejando a cada cual que practique lo suyo", sentenció.