Las Escuelas de Adultos, 11 en Cantabria, son un reflejo horizontal de nuestra sociedad

cepa santona

C.B. y J.A. son dos alumnos de la Escuela de Adultos de Santoña que se acaban de encontrar en el pasillo y charlan. J.A. está sentado y C.B. de pie, frente a él, con un paraguas. “Bueno, me voy a clase”, dice C.B.. “Adiós, abuela”, se despide J.A.. Figurados o reales, C.B. y J.A. son el paradigma de la asombrosa realidad de los CEPAs.

C.B., jubilada, mayor de 70 años, cursa inglés y taller de arte. J.A., menor de 25, que en la adolescencia abandonó el instituto engrosando el preocupante porcentaje de lo que denominamos “fracaso escolar” (en el curso 2008/09 no titularon el 25’9% de los alumnos ESO a nivel nacional, y el 13’5% a nivel regional), ha regresado al sistema educativo para conseguir un título en secundaria, mientras sigue buscando trabajo. En  ningún otro centro escolar es posible que una abuela y su nieto se crucen en el pasillo como alumnos de la misma escuela. Pero, además, mientras abuela y nieto charlan en un descanso entre clases, los alumnos del resto de las enseñanzas que han salido al mismo pasillo a estirar las piernas, representan, sin saberlo, todos los grupos de edad, de los 30 a los 60, hombres y mujeres.

Las Escuelas de Adultos, 11 en Cantabria, son un reflejo horizontal de nuestra sociedad. En su día, hace más de dos décadas, surgieron principalmente para ofrecer otra oportunidad a los adultos que habían abandonado la escuela sin obtener el título en enseñanza secundaria, y al poco se revelaron como un instrumento muy eficaz para responder de forma rápida a otras demandas formativas de la población adulta e inquietudes culturales. Hoy, los CEPAs afrontan una amplia oferta con un número reducido de docentes. En el caso de Santoña son 10 docentes, tres de ellos a media jornada, frente a 500 alumnos y más de mil matrículas, repartidas entre las enseñanzas: Secundaria Obligatoria, Formación Básica Inicial, cursos de idiomas Español, inglés y Francés, preparación del examen de accesos a la Universidad para mayores de 25 años y de acceso a Ciclos Formativos de Grado Superior, cursos de carácter profesional, como laborales y sanitarios, informática, enseñanza a distancia “Mentor” y una multiplicidad de estimulantes talleres culturales: arte, lectura, o radio.

La crisis y la conciencia sobre nuestro mundo en rápida evolución, tanto de técnicas como de conocimientos, hace que los ciudadanos de cada pequeña población de Cantabria miren hacia los CEPAs de su entono como un medio accesible, al alcance de su tiempo, en su zona y con posibilidades de encaje entre sus responsabilidades familiares y laborales. Buscan completar carencias académicas y en alguna medida profesionales, actualizar sus destrezas, y ponerse en mejores condiciones para buscar un trabajo o mejorar laboralmente.

Este sería el caso de M.C., de mediana edad, trabajadora de una conservera y con apenas tiempo libre, soslayado entre sus obligaciones familiares y profesionales, matriculada en un curso a distancia Mentor sobre atención geriátrica y en dos cursos presenciales sanitarios y laborales. Real o figurada, podría darse la paradoja de que M.C. fuese hija de C.B. y madre de J.A., enlazando eslabones en esa curiosa realidad que son los CEPAs.