Esta etapa del sistema educativo debe suponer un punto de partida sólido para continuar, de forma progresivamente autónoma, con un aprendizaje que ha de durar toda la vida. El aprendizaje de la lengua extranjera trasciende el marco de los aprendizajes lingüísticos, va más allá de aprender a utilizarla en contextos de comunicación. Su conocimiento contribuye a la formación del alumnado desde una perspectiva integral en tanto que favorece el respeto, el interés y la comunicación con hablantes de otras lenguas, desarrolla la conciencia intercultural y es vehículo para la comprensión de temas globales y para la adquisición de estrategias de aprendizaje diversas. Su peso dentro del currículo resulta esencial (su desarrollo del currículo para L1 debe permitir al alumnado la consecución al menos del nivel referencial A2 del MCERL y se contempla también la optatividad con la L2 (los niveles referenciales condicionados por los años cursados por el alumnado). Con el objetivo de facilitar el tránsito con la siguiente etapa, se establecen mecanismos de coordinación y adecuación conforme al currículo.

De manera paralela, aquellos centros que voluntariamente desarrollan Programas de Educación Bilingüe (PEB) cuentan con la implantación de Disciplinas No Lingüísticas (DNL) impartidas con metodología basada en el Aprendizaje Integrado de Contenidos a través de una Lengua Extranjera (AICLE) y/o, en ocasiones, el refuerzo horario de esta materia. Resulta también destacable la presencia de Auxiliares de Conversación en centros que fomentan el aprendizaje de idiomas, así como otros programas que inciden en el aprendizaje de las lenguas, tales como el programa Global Classrooms (en colaboración con la Fundación Botín). Además, en ocasiones se desarrollan Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI), para jóvenes que no hayan titulado en ESO, en los cuales se imparten aspectos básicos de LE1.